La mitología del “Rayo Apendejador”
No cabe duda de que la política es, ante todo, una generosa proveedora de mitos. Tras la visita de la Presidenta el pasado 5 de febrero y el correspondiente mensaje del Gobernador, los profetas del absurdo han sacado sus bolas de cristal para construir relatos cuyo único fundamento científico son las pulsiones que les hierven en la entrepierna.
Sigo sin entender —y créanme que hago el esfuerzo— cómo se supone que se “pacta” una elección. Hay que padecer un palurdismo de calibre olímpico para sostener que dos personas, por muy encumbradas que estén, poseen la facultad de mangonear el juicio de dos millones de ciudadanos. Imaginen la logística: coordinar a esa masa para que solo vote el 60% y que, de ese grupo, la mayoría elija precisamente la opción que ellos decidieron entre el café y el postre. En estos tiempos, donde la información fluye a borbotones y cualquier libertad se cacarea a la menor provocación, la teoría resulta, por decir lo menos, una pantomima difícil de tragar.
Para que el mito prospere se necesita que los protagonistas guarden silencio y que el público tenga ganas de ser engañado. Pero seamos serios: a menos que el señor Gobernador posea poderes psíquicos de historieta, o que la Presidenta oculte entre sus ropas un “rayo apendejador” de largo alcance, no hay forma medianamente lógica de explicar cómo se “entrega” un estado como si fuera un paquete mal envuelto.
Lo que más encabrona es lo ofensivo que resulta el argumento para el ciudadano de a pie. Sostener tal relato es reducir el raciocinio del pueblo al de un mueble; es cosificar a la gente y segregarla bajo la premisa de que dos divinidades ya acordaron el destino de Juan Pueblo y su parentela.
Y no faltará el “avispado” que, con aire de importancia, diga: “Todos sabemos cómo se hace”. Mire, imbécil, yo no sé, y le ruego que me lo explique. Pero cuando llega el momento de los detalles, el experto solo sabe dar cincuenta maromas y treinta machincuepas, porque su única fuente es el pensamiento mágico. La próxima vez que escuche a uno de estos analistas de café hablar de “elecciones arregladas”, pídale el manual de instrucciones; verá cómo se saca de quicio al notar que su falacia ad populum no le alcanza ni para pagar la cuenta.
Como bien dijo Groucho: “Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Realmente es un idiota”.
La tómbola de la continuidad y otros deportes extremos.
Ahora que la presidencia nacional de Morena ha bendecido la posibilidad de la reelección para el 2027, uno pensaría que el ambiente entre la clase política local se tornaría tan apacible como una tarde de domingo. Pero pedirle sosiego a “la tribu” es como pedirle discreción a una banda de guerra. En lugar de relajarse, algunos miembros, dotados de más ambición que oficio, han decidido que el mejor camino a la gloria es el descarrilamiento ajeno.
Ahí tenemos, por ejemplo, a la diputada Sully Yanira Mauricio Sixtos, quien, a pesar de gozar de una presencia casi invisible en el municipio de Pedro Escobedo, parece muy resuelta a patearle el pesebre a Beto Nava. Dicen los que saben que esto no es un arranque de espontaneidad, sino un paso más en el plan maestro diseñado junto a su cómplice de aventuras, Edgar Inzunza Ballesteros. El problema es que, en política, los planes maestros suelen terminar en meros pataleos.
La aritmética electoral es caprichosa. Al día de hoy, el sueño de Inzunza de despachar en San Juan del Río depende de una carambola de varias bandas: necesita que alguno de sus compañeros renuncie a la reelección o que, de plano, les cierren el paso en Tequisquiapan, Ezequiel Montes o Pedro Escobedo. Todo esto por culpa del famoso bloque de competitividad, esa aduana de género que, de mantenerse las reglas, obligaría a postular mujeres en San Juan, Querétaro y Cadereyta.
Este nudo gordiano también pone a sudar a los suspirantes de la capital. Personajes como Arturo Maximiliano y Ulises Gómez, a quienes se les atribuye —quizás con excesiva generosidad— cierta madurez política, tendrán que decidir si prefieren la seguridad de la reelección en su diputación o si se lanzan a desgastar la marca en una aventura personalista de final incierto.
Para ir calentando el ánimo, les adelanto lo que bien podría ser la terna de la 4T para la alcaldía de Querétaro: Andrea Tovar por Morena, Paloma Arce por el Verde y Claudia Gayou por el PT. Prepárense, saquen las palomitas y busquen refugio, porque en esa contienda, más que votos, lo que van a volar son pelos.
“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados”.
La Transformación de “Gama Alta”.
Don Ricardo Astudillo a diferencia los suspirantes marrones ha, comprendido, con la sagacidad de quien sabe que en Querétaro hasta las revoluciones deben entregarse con fianza de cumplimiento, que para que la 4T prospere entre nosotros no puede venir despeinada ni con las manos vacías. Su labor consiste en convencer al respetable de que se puede ser “transformador” mientras se usa un cronómetro para medir la productividad y se revisa que el Código Ambiental tenga los márgenes alineados. Es una política de equilibrio delicado, donde se busca que el bienestar social no sea un regalo del cielo, sino el dividendo de una empresa que todos operamos. Astudillo propone una transformación que, en lugar de quemar las naves, prefiere convertirlas en naves industriales con paneles solares, asegurando que aquí la justicia social no peleará con el buen gusto, ni el progreso con la puntualidad de los proveedores. Esa es una 4T a la queretana y en una de esas cuaja.
“Ricardo tiene un plan claro para el estado: quiere que todos los queretanos sean iguales, pero por favor, que algunos sean un poquito más eficientes que otros para que el presupuesto alcance para las dos cosas.”
El arte de ayudar no estorbando.
A nadie en este estado, ni siquiera a sus más entusiastas detractores, le queda duda sobre el tonelaje político de Francisco Domínguez Servién dentro de su partido. Sin embargo, existe una verdad tan grande como una plaza de toros: Pancho ya tuvo su banquete. Hoy, ante una sucesión que se presenta como un juego de espejos plagado de incertidumbre y especulación, su silencio empieza a cotizarse mucho más alto que sus opiniones.
Justo cuando parece asomar un poco de humo blanco sobre la candidatura a la gubernatura, el exmandatario decide alborotar el avispero trayendo a cuento a Chepe Guerrero. El alcalde de Corregidora, para su fortuna, ha demostrado un temple de tahúr y una madurez que ya quisieran muchos veteranos; sabe que su capital está a salvo en su municipio y que el reloj corre a su favor. Chepe no se deja seducir por el canto de las sirenas, aunque estas canten con voz de exgobernador.
Pero como si un “destape” fuera poco, Pancho ha vuelto a poner sobre la mesa el espinoso tema del género. Es una maniobra curiosa, considerando que, entre los balazos que la 4T se ha dado en el propio pie y los laberintos del rezago legislativo, el asunto parecía una tormenta ya sorteada. Volver a sacarlo es como recordarle una deuda vieja al pariente que apenas está empezando a ahorrar.
Dice la sabiduría popular —esa que rara vez se equivoca— que más ayuda el que no estorba. El panismo local atraviesa hoy una fase de sensibilidad extrema, similar a la de un adolescente en plena crisis hormonal: cualquier mirada fuera de lugar o declaración inoportuna provoca un drama de proporciones épicas y una crisis de esas que dejan cicatrices para toda la vida. Y el problema es que, para el 2027, el tiempo de cicatrización es un lujo que ya no tienen en el botiquín.
“Francisco es un hombre que se ha hecho a sí mismo, lo cual nos ahorra el trabajo de culpar a otros por sus consejos. Es el tipo de político que siempre está dispuesto a echarte una mano… sobre todo si es para ayudarte a saltar al precipicio”.
La excentricidad de dar resultados
En la LXI Legislatura, donde lo habitual es que el rezago crezca con la parsimonia de la maleza, la diputada Gina Guzmán ha cometido la excentricidad de ponerse a trabajar. Al frente de la Mesa Directiva, se ha dedicado a despejar dudas y expedientes con una disciplina que tiene a más de uno consultando el manual de procedimientos para ver si tanta eficiencia está permitida por la ley.
Al menos en el papel, la legisladora del Verde parece haber domado ese desorden que venía arrastrándose como una pesada herencia desde el inicio del periodo. En dos meses entregará la silla, y lo hará dejando dividendos que resultan casi exóticos en estos tiempos: consensos internos y relaciones aceitadas con los otros dos poderes del Estado.
Salió brava la muchacha, pero de esa bravura que construye en lugar de solo ladrar. Logró que los diputados se pusieran de acuerdo sin necesidad de llamar a la Cruz Roja, fortaleciendo un diálogo que al estado le hacía falta como el agua. En el zoológico de la política local, encontrar a alguien que limpie el escritorio y deje las cuentas claras antes de irse es un evento que merece, por lo menos, una nota al pie en la historia de lo increíble.
“Es una mujer excepcional: ha logrado que el Congreso trabaje y que los políticos se entiendan. Si sigue así, corre el grave riesgo de que la gente termine por confiar en el gobierno, y eso sería el fin de la civilización tal como la conocemos”.
La “Carla-dependencia” y el arte del autosabotaje
Si en política la forma es fondo, Santiago Nieto Castillo parece convencido de que el fondo es un barril sin fin o, de plano, ha decidido que el autosabotaje es su disciplina olímpica favorita. Es un hecho notorio que busca la gubernatura del estado; como también lo es que su señora esposa ocupa una silla en el Consejo General del INE. En la China Imperial y en cualquier lugar con un mínimo de decoro, esto se llama conflicto de interés, pero para Santiago parece ser apenas un detalle de la agenda conyugal.
No conforme con el entuerto electoral, el angelito decidió integrarla como parte de la delegación del IMPI en unas reuniones en Washington. Mezclar la propiedad intelectual con el romance diplomático delata una “Carla-dependencia” que emula a la de aquel púber que amenaza con cortarse las venas porque los suegros se llevan a la amada a La Marquesa y no invitaron al moscardón. Esa necesidad de llevar el afecto a las actas oficiales es, por decir lo menos, una forma muy creativa de dispararse en el pie antes de empezar la carrera.
La pregunta obligada es: ¿quién renunciará a su proyecto personal? Si me permiten una apuesta, Santiago lleva todas las de ganar en la rifa del sacrificio. Al final del día, Humphrey es una mujer de poder en todos los sentidos, y él parece destinado a ser, una vez más, el caballero sacrificado en el altar de una ambición que no sabe distinguir entre la alcoba y la oficina pública.
“El matrimonio es una institución maravillosa, pero ¿quién quiere vivir en una institución donde el árbitro electoral y el candidato comparten la misma almohada? Es la forma más económica de dormir con el enemigo y con el juez al mismo tiempo“.
La aduana de Avenida Coyoacán.
Por cierto, cuentan los que vigilan las antesalas que el edificio de la Avenida Coyoacán, allá en la colonia Del Valle, se ha transformado en un centro de peregrinación digno de una basílica en pleno diciembre. Los suspirantes del panismo queretano hacen fila con el fervor de quien busca el milagro, tratando de convencer a la dirigencia nacional de que ellos —y solo ellos— son la única barda que separa la civilización de la catástrofe.
Sin embargo, en esa sacristía blanquiazul ya saben perfectamente quién ofrece las mejores garantías. En tiempos de vacas tan flacas que ya parecen transparentes, los acuerdos en las entidades con posibilidades reales de victoria, como todavía lo es Querétaro, cotizan al triple. Y como las palabras se las lleva el viento —especialmente ese que sopla con fuerza desde las oficinas nacionales—, estos pactos se están sellando con algo mucho más sólido y tangible que un simple “compromiso de caballeros”. Al final, en la alta alcurnia de los comités, la doctrina es hermosa, pero la viabilidad electoral se firma con algo que pese más que las puras buenas intenciones.
“Hay muchas cosas en la vida más importantes que el dinero, pero ¡cuestan tanto! Por eso, cuando un político dice que su palabra vale oro, lo mejor es pedirle que te dé el oro y se quede con su palabra”.
Gilberto Herrera y el arte de la autoinmolación
No más por no dejar, parece que quien se ha propuesto cavar su propia tumba con una disciplina digna de un sepulturero es el diputado Gilberto Herrera. A pesar de la notoria repulsión que ya se siente en los pasillos de su propio partido, el exrector ha decidido emprender una batalla épica —y bastante innecesaria— contra la presidenta municipal de Peñamiller, Ana Karen Jiménez Guillén. No solo amenaza con destituirla, sino que la tacha de incompetente con una soltura que invita al desastre.
Lo que Herrera no parece calcular es que ya tiene a “la voladora” de la violencia de género respirándole en la nuca. Y aquí es donde la comedia se vuelve tragedia: mientras a otros correligionarios la tribu los arropa como si fueran héroes nacionales ante ataques similares, en el caso de Gilberto, esos mismos compañeros están más que dispuestos a soplarle a la hoguera para que arda con ganas.
En el mejor de los escenarios, simplemente lo dejarán morir solo, en ese abandono tan frío que ya experimentó David Smeke. Al parecer, el diputado no ha entendido que, en la política moderna, pelearse con todos al mismo tiempo no es una estrategia de guerra, sino una invitación formal a su propio funeral político.
“Él es su propio y peor enemigo; no deje que nadie se interponga en su camino. Ha trabajado tan duro para llegar a la nada, que sería una verdadera lástima que alguien intentara salvarlo de sí mismo”.
Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo solo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean! No se mortifiquen la existencia, que la vida ya es bastante complicada como para andar leyendo letras incomodas.
Nota al pie: Aprovecho para agradecer la temeridad del Diario Nacional Conexión, medio con el que estaré colaborando a partir de este lunes. Agradezco la distinción, aunque no dejo de preguntarme si saben en lo que se meten; solo espero que mi acidez no les corroa el hígado y que mi realismo no les provoque pesadillas de esas que no se quitan ni con un café cargado.
“No piensen que por colaborar en un diario nacional me he vuelto un hombre serio. Sigo teniendo los mismos principios de siempre… y si al editor no le gustan, tengo otros. Después de todo, es mejor que escriba para ellos a que decidan leerme en voz alta”.
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