¡Vaya pitote en la capitanía general de Querétaro! Resulta que el enjuague de las altas esferas se les quedó a medio lavar. La agonía del magistrado y el Fiscal Anticorrupción ya parece telenovela de las tres de la tarde, pero sin presupuesto para el capítulo final.
Difirieron la audiencia incidental. ¿El motivo real? ¡Hombre, que la justicia será ciega, pero no tonta! Ya huele a bloqueador solar en los juzgados, las quincenas no perdonan y su señoría tiene derecho al sagrado asueto. Así que, con la mano en la cintura y el expediente empantanado, mandan la resolución hasta septiembre. ¡Que viva el Estado de Derecho (y de descanso)!
Pero la duda que corroe las entrañas de los mirones en los cafés de Plaza de Armas es la buena: ¿Qué cuentas le van a entregar al gobernador Mauricio Kuri y a Sinuhé Piedragil?
Se suponía que ya todo estaba planchado, planchadísimo, con almidón y raya en medio. El contubernio (esa exótica coreografía queretana donde los colores partidistas se deslavan a puerta cerrada) prometía un relevo suavecito, sin despeinar a nadie.
Al Gober Kuri:
Sus operadores mágicos le van a tener que salir con el clásico “Jefe, la operación política fue un éxito, pero el paciente se nos fue a la playa”. Le vendieron a su excelencia un trámite exprés, digno de la visión gerencial del “Querétaro de Primera”, y le están entregando un soberano entripado burocrático. ¿Cómo le explican en la junta de gabinete que la maquinaria perfecta se atascó por un amparito y un puente de verano? Le van a jurar que es una “estrategia de enfriamiento”, cuando la cruda verdad es que se les hizo bolas el engrudo legal.
A Sinuhé Piedragil:
Al buen Sinuhé, que seguramente ya tenía la canasta lista para cobrar las fichas del acuerdo, le van a recetar paciencia franciscana. Le dirán que las instituciones son lentas y que, total, de aquí a septiembre da tiempo para negociar otras “posiciones”. Lo van a dejar como a los demócratas en tiempos del Generalísimo: con el discurso en la boca, sentaditos y esperando que el régimen les dé luz verde cuando vuelva de sus vacaciones en la costa.
La moraleja ácida: En este terruño, los pactos políticos de cúpula son como los castillos de arena: se ven muy imponentes y definitivos, hasta que llega la marea vacacional del Poder Judicial y te los desbarata. A ver si para septiembre, entre chiles en nogada, el sistema aguanta la respiración o ya de plano le organizan la extremaunción burocrática a los implicados. ¡Qué chulada de justicia!



