Arrancan campañas
Como quien deja el baño tapado de la oficina antes de que lo despidan; así dejó “cabecita de algodón” el estado de derecho. Escuche esta analogía, muy apegada a la realidad, sobre todo cuando la tomamos como referencia al proceso electoral del Poder Judicial de la Federación.
Las candidaturas se han reducido a simples números de colores. Aspirar a ser juez ahora implica atravesar la aduana de la frivolidad y, en algunos casos, del ridículo. ¿Qué puede prometer un juez en campaña, más allá del respeto a la ley y el debido proceso? Se les obliga a lanzar frases inspiradoras en un concurso de popularidad absurdo, despojando al proceso de cualquier sentido.
Hemos tergiversado la esencia de la función judicial. Servir al pueblo no significa tomarse fotos en mercados o calles; esos gestos no reflejan capacidad, templanza ni preparación para asumir una responsabilidad que, por su naturaleza, exige imparcialidad.
El Poder Judicial está para garantizar el Estado de derecho. Su papel es ser contrapeso, vigilar y mantener el orden. ¡No de representatividad popular!
La realidad es inevitable, la distorsión a la lógica de una elección hacia el ámbito judicial ya está en Querétaro. El 1 de junio se elegirán jueces federales y, en 2027, el circo se repetirá para jueces locales.
Frente a una elección caracterizada por el voto desinformado, debo reconocer que existen algunos perfiles que podrían fortalecer al Poder Judicial. Lamentablemente, suelen ser aquellos que no cuentan con el respaldo del partido en el poder.
También es innegable la incertidumbre que rodea la organización del proceso. La confianza en el INE corre el riesgo de resquebrajarse. No anular las boletas sobrantes en las casillas antes de su cierre podría abrir la puerta a manipulaciones y fraudes.
La realidad es que la elección popular de jueces otorga más poder al Ejecutivo, y el partido en el poder lo sabe y lo opera. Para ponerlo en perspectiva: en la elección presidencial de 2024, la más grande de la historia de México, se registraron cerca de 30 mil observadores electorales. En contraste, para esta elección judicial “marginal” y costosa, el INE ya ha registrado más de 65 mil. ¿No despierta suspicacia?
Es evidente que el partido en el poder, bajo la figura de observadores electorales, buscará influir en la elección para obtener jueces a modo y que los suyos sean los que obtengan los triunfos. La contienda se perfila como una disputa entre monrealistas, adanistas, neopejistas e incluso verdes.
Al concluir el proceso, será interesante analizar los vínculos de los ganadores con el partido en el poder y contrastar los nombres del padrón de observadores electorales con el de militantes de la 4T.
Mientras tanto, como ciudadanos, no nos queda otra que apechugar.
@CesarZafra