Cosmos y Sinergia: cuando el nombre del modelo no es lo importante
En Querétaro se habla cada vez más de Sinergia por Querétaro como si su consolidación implicara el cierre definitivo de un capítulo llamado Cosmos. La narrativa dominante sugiere una sustitución: lo nuevo desplaza a lo viejo. Sin embargo, esta lectura es imprecisa y, en cierto sentido, injusta con la historia reciente de la política pública en materia de justicia y seguridad en el estado.
Cosmos no es —ni fue nunca— un modelo policial, ni un esquema operativo de seguridad pública. Es, y sigue siendo como antecedente vigente, un modelo de justicia penal y de gestión institucional, diseñado para articular a policías, fiscalías, jueces y al sistema penitenciario bajo una lógica de coordinación, procesos claros y judicialización efectiva. Su objetivo no era el despliegue táctico, sino el funcionamiento del sistema de justicia como un todo. En su primera etapa, además, arrojó resultados que sirvieron como carta de presentación de Querétaro a nivel nacional.
Sinergia, en cambio, pertenece a otra categoría. Es un modelo operativo-policial, con mando definido, acciones concretas, despliegue territorial, uso de inteligencia y capacidad de reacción inmediata. A diferencia de otros programas coyunturales, hoy cuenta con respaldo constitucional y legal, al incorporarse formalmente al Sistema Estatal de Seguridad. Esa diferencia no es menor: le otorga permanencia, certidumbre jurídica y una lógica de mando centralizada.
No se trata, entonces, de que un modelo haya reemplazado al otro, sino de que operan en planos distintos. Cosmos ordenó el sistema de justicia; Sinergia busca ordenar la operación de la seguridad pública. El problema aparece cuando esta transición se plantea como una ruptura absoluta, cuando en realidad debería entenderse como una evolución complementaria.
El verdadero punto de quiebre no está en el nombre del modelo, sino en el tipo de poder que se ejerce. Sinergia marca el paso de una lógica conceptual e institucional a una lógica eminentemente operativa, con centralización de decisiones, concentración de información y liderazgo claro, hoy encabezado desde la Fiscalía General del Estado. En un contexto nacional complejo, Querétaro opta por blindar su esquema institucional y cerrar filas entre los tres órdenes de gobierno. La apuesta es clara: mayor capacidad de reacción y despliegue coordinado.
Pero toda centralización conlleva riesgos. La coordinación no se decreta ni se sostiene solo con marcos legales; requiere disciplina institucional, evaluación constante y rendición de cuentas real. En un modelo operativo que incluye cateos y acciones de alto impacto, el discurso de derechos humanos no puede quedarse en declaraciones bien intencionadas: debe traducirse en protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando se cruza la línea.
Aquí es donde el legado de Cosmos cobra relevancia. La cultura de procesos, legalidad y gestión institucional que impulsó debería funcionar como contrapeso natural frente a la lógica operativa de Sinergia. Sin esa base, el riesgo es que la eficacia inmediata termine desplazando a la institucionalidad de largo plazo.
Al final, el debate no debería centrarse en si Cosmos pertenece al pasado y Sinergia representa el futuro. El verdadero debate es si el Estado es capaz de convertir la coordinación en seguridad real para la ciudadanía, sin sacrificar legalidad, derechos ni controles democráticos. Los modelos pasan, los nombres cambian, pero la exigencia social permanece.
Porque, en seguridad y justicia, lo importante no es cómo se llama el modelo, sino cómo se ejerce el poder que ese modelo concentra.
Dicho de forma simple: el gobernador Mauricio Kuri tiene hoy dos fortalezas distintas que no deben confundirse.
Por un lado, un sistema de justicia penal sólido, construido y fortalecido con el Modelo Cosmos, referente nacional en gestión institucional.
Por el otro, un sistema de seguridad policial que opera con esquemas como Sinergia, enfocados en la acción y el despliegue operativo.
El error no está en tener ambos, sino en confundirlos, compararlos o vender uno como si sustituyera al otro. Justicia penal y seguridad pública no son lo mismo, ni se miden igual.
Cuando se entiende esa diferencia, el debate se ordena.
Hoy Querétaro se sigue —y se seguirá— distinguiendo por su gente, por una ciudadanía a la que le gusta vivir bien y que exige resultados, sí, pero también instituciones que funcionen y se mantengan en el tiempo.





