¿Autonomía o complicidad?
Cuentan que en los pasillos del Senado la tensión se sintió —y fuerte— durante el informe de Rosario Piedra Ibarra. Quien no se guardó nada fue la senadora por Querétaro, Guadalupe Murguía, que a nombre de la bancada del PAN, le soltó una dosis de realidad bastante ácida a la titular de la CNDH.
Dicen los que saben que el reclamo no fue por la institución en sí, sino por la gestión de Piedra, a quien acusaron de haber convertido al organismo en un apéndice del Ejecutivo. La crítica central fue demoledora: mientras la Comisión se enfoca en despolvar expedientes de décadas pasadas, las madres buscadoras, los periodistas perseguidos y las víctimas de la reciente “Marcha de la Generación Z” de finales de 2025 parecen no existir en el radar de la oficina de derechos humanos.
La gran interrogante que dejó Murguía en el aire es si la CNDH todavía puede llamarse “autónoma” o si ya terminó de mutar en una oficina de justificaciones gubernamentales. Por lo pronto, el mensaje de Acción Nacional fue claro: el organismo les dio la espalda a quienes debería proteger para ponerse del lado del poder. ¿Habrá respuesta o seguirá el silencio cómplice?
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