Del Vínculo Inquebrantable y Otras Fantasías
Se dice, se rumora y se asegura en los pasillos —esos lugares donde la verdad suele ir a morir para que nazca el chisme— que el dirigente del PVEM y la diputada Perla Flores han decidido romper sus lanzas. La noticia, por supuesto, ha corrido con la velocidad que tienen las catástrofes imaginarias, pero un análisis desapasionado nos revela que el asunto tiene más agujeros que un queso suizo de mala calidad.
Hay dos razones de peso para dudar de esta tragedia política:
- La Cronología del Afecto: En un país donde las lealtades duran lo que un suspiro en un mitin, una relación de veinte años no es una alianza, es un monumento. Romper una lealtad de dos décadas por un quítame allá estas pajas es algo que no se ve ni en las novelas de radio. Las fracturas a esa edad suelen ser de fémur, no de ideología.
- El Factor Conyugal: Lo más pintoresco del cuento es el motivo. Dicen que el conflicto emana de la figura de la señora esposa del dirigente Astudillo. Es bien sabido que el diputado federal ha mantenido a su cónyuge en esa zona de sombra tan elegante que es el “lejos del foco público”.
Ciertamente, la señora es la suplente de la diputada Flores, pero de ahí a imaginar un duelo de vanidades o un golpe de estado doméstico hay un abismo de lógica. Sobre todo cuando el caballero tiene la mirada puesta en horizontes más altos y sabe que, en política, lo que funciona no se arregla, y lo que es discreto no se alborota.
En fin, que el rompimiento se antoja más como un invento de alguien con mucha imaginación y poco que hacer, que como una realidad de nuestra siempre entretenida fauna legislativa.


