El escándalo de la supuesta “Estafa Maestra” en la UAQ ha degenerado en un duelo de salivazos donde la transparencia brilla por su ausencia. Gilberto se pasea con ínfulas de perseguido político, pero su cacareada inocencia tiene un pequeño defecto: el auto de no vinculación no aparece por ningún lado. Es el “as bajo la manga” que nadie ha visto, ni siquiera en foto borrosa de WhatsApp.
Pero si el cinismo de Gilberto es de campeonato, el de sus detractores es de olimpiada. Se llenan la boca gritando “corrupción” y “justicia”, pero son incapaces de exhibir la vinculación a proceso o el dichoso citatorio para la audiencia intermedia.
El lodazal de la impunidad:
- Gilberto: ¿Inocente o solo bueno para esconder el expediente? Si ya la libró, que suelte el papelito; si no, que deje de vender humo.
- La Oposición: Mucha indignación de cafetín, pero a la hora de las pruebas, se quedan mudos. ¿O será que la vinculación es tan fantasmagórica como la honestidad de los implicados?
Veredicto: Ante tanta pinche hablada de ambas partes, queda claro que nos están viendo la cara. En la UAQ, entre el “no fui yo” y el “tú fuiste”, la verdad está enterrada bajo toneladas de opacidad. Sin documentos en mano, todo es circo para distraer a la tribuna mientras el dinero sigue sin aparecer.
¿Quieres que personalice el ataque hacia algún grupo político específico o le subimos más al tono contra la administración universitaria?



