La trashumancia del espíritu (y del presupuesto)
Resulta que en la política queretana la memoria es más corta que una quincena de burócrata. Hace apenas unos días, la Dra. Pueblito Rangel se desvivía en loas y sombrerazos a favor del diputado Luis Humberto Fernández, jurándole una lealtad que parecía tallada en cantera rosa. Pero, ¡oh, milagro de la física política!, la señora ha decidido aplicar la técnica del bumerán: hoy regresa al redil de Santiago Nieto con la cara lavada y el paso de hija pródiga. Uno se pregunta si este súbito arrepentimiento nace de una iluminación espiritual o del pavor puramente terrenal de que las turbulentas aguas de El Marqués terminen por inundarle la parcela en Corregidora. Al final, parece que el “proyecto” más sólido de nuestra doctora no es el estado, sino su propia supervivencia, demostrando que en el arte de saltar de barco, lo importante no es la dirección, sino no mojarse los zapatos.
“Político que cambia de bando, no es que se arrepienta, es que ya vio dónde sirven mejor el rancho.”


