BLOQUEAR PARA GOBERNAR
Ayer, en la zona de Tlacote, se registró un bloqueo vial que paralizó la circulación y generó molestias previsibles para cientos de ciudadanos.
Hasta ahí, una protesta más de las que ocurren cuando un grupo decide llevar su inconformidad a la calle.
Lo peculiar fue quién estaba ahí. Entre los participantes apareció nada menos que la vocera estatal del partido Morena. No como observadora, no como mediadora, sino como parte activa del bloqueo.
Y ahí es donde el asunto deja de ser una simple manifestación para convertirse en un debate político de fondo. Porque una cosa es que ciudadanos inconformes recurran a medidas de presión —acertadas o no— y otra muy distinta es que una dirigente partidista aliente o participe en un bloqueo que, en términos simples, constituye un ataque a las vías de comunicación.
La pregunta es inevitable: ¿hasta dónde es legítimo que la cabeza visible de un partido político promueva este tipo de acciones? Un partido no es un colectivo improvisado; es una organización que aspira a gobernar, que pide el voto ciudadano y que, al menos en teoría, debe velar por el orden institucional y el cumplimiento de la ley.
No es la primera vez que militantes identificados con el color marrón participan en protestas que escalan hacia escenarios de tensión social.
Bloqueos, confrontaciones y narrativas de crisis que, casualmente, siempre buscan instalar la misma idea: que en Querétaro no hay control ni gobernabilidad.
¿Esa es la intención?¿Fabricar la percepción de caos para que el desorden se convierta en argumento político?
Lo ocurrido ayer dejó un efecto inmediato: la demanda ciudadana —que podría ser legítima— perdió fuerza en el momento en que fue abrazada por un actor partidista. La protesta dejó de ser de los vecinos y pasó a ser de partido.
Y ahí se abre el debate real. Porque respaldar al pueblo no puede significar estimular el bloqueo permanente como método político. Menos aún cuando quien lo hace aspira a gobernar.
Gobernar no es incendiar el tráfico para luego presentarse como bombero. Gobernar es exactamente lo contrario.


