¡COÑO, ENTIENDE!
Hay necedades que rayan en lo clínico. Ayer, en Comisiones Unidas, un legislador —de cuyo nombre no quiero acordarme— insistía, con entusiasmo digno de mejor causa, en que no sabía qué dictamen de la reforma judicial se iba a votar. Lo curioso es que minutos antes uno de sus propios compañeros de bancada había dado lectura al documento.
Pero no. La realidad no era suficiente. Había que sostener la pose.
El resultado fue el previsible: los integrantes de las Comisiones terminaron por barrer al necio patearrejas y aprobaron el dictamen con tres posicionamientos a favor y uno en contra. El contra fue del terco, por supuesto.
El tema ahora pasará al Pleno y, si no sucede nada extraordinario, después del 27 de marzo se estará votando un asunto que —según dicen— “le urge al pueblo”. ¿Pronóstico? 20 votos a favor y 5 en contra. Los contras de siempre: el clan de los que están a favor de nada y en contra de todo.
PARA LA HISTORIA LEGISLATIVA
Y ya que estamos en el Legislativo, vale la pena decirlo sin rodeos: el periodo encabezado por la diputada del Partido Verde, “Gina” Guzmán, dejó números que no se veían desde hace décadas. Producción legislativa alta, agenda caminando y una conducción que, con sus matices, logró que las cosas sucedieran.
No es poca cosa. En un Congreso donde muchas veces lo ordinario es la parálisis, estos meses pintan para quedar registrados como uno de los momentos de mayor productividad en los últimos 30 años.
Se viene el relevo en la Mesa Directiva y la disputa no será menor: PAN, Morena y hasta un entusiasta de Movimiento Ciudadano ya asoman la mano. Hagan sus apuestas.
EL GRAN ANUNCIO
Y hablando de expectativas infladas: el “gran anuncio” del PAN nacional del pasado 21 de marzo terminó siendo una pieza de colección… pero por lo insípido.
“Apertura ciudadana total”, dijeron. Y ya.
Ni sorpresa, ni sacudida, ni señal política de fondo. Y bueno…¿alguien tiene hambre?
GÉNERO
Hay un tema que, por lo sensible y espinoso, mejor evitaremos en este espacio. Peeeeero aun así, lo evidente no se puede ignorar: el comentario frente a micrófonos fue desafortunado. Muy. Y si eso ya era problema, la disculpa terminó por hundir cualquier intento de control de daños. Estuvo, sin exagerar, más que piooooor.
Porque cuando alguien se equivoca, se le nota. Pero cuando intenta corregir y lo hace mal, se le revela. Y eso fue justamente lo que ocurrió: más que un desliz, lo que vimos fue un cuadro completo de síntomas que dejan entrever lo que muchos prefieren mantener bajo llave.
Ahora bien, no faltan quienes hablan de un tendido de cama. Y razones no les sobran. A pesar de que hubo solicitud expresa para “editar” ese fragmento incómodo, la tijera nunca apareció. El material salió prácticamente en bruto y sin anestesia. Demasiada torpeza para ser casualidad… o demasiada precisión para parecerlo. Nada es casualidad.


