LA SILLA VACÍA
Respecto de la fiesta azul del 25 de octubre, francamente no hubo novedad. Los “coordinadores” resultaron ser quienes Mauricio Kuri ya había colocado públicamente en la conversación y los discursos caminaron por el carril esperado: unidad, continuidad, resultados y demás lugares comunes. Por no decir que estuvieron algo guangos. Lo realmente relevante estuvo en otro lado.
El PAN sí demostró capacidad de movilización, y eso no debe minimizarse. Para el Día D, la política se gana también con estructura, organización y capacidad de poner gente en movimiento. Ahí hubo músculo. Aunque el famoso código QR terminó generando la sensación de que aquello era más concierto de la Banda MS que encuentro partidista. Pero logística aparte, el problema de fondo apareció en una silla.
Luis Nava no estuvo. Podrán existir explicaciones personales, médicas, familiares o previamente notificadas; políticamente importa otra cosa: la percepción. Después de semanas hablando de unidad, operación cicatriz y cierre de filas, la ausencia de uno de los cuadros con mayor peso específico dentro del PAN queretano inevitablemente vuelve a abrir la pregunta sobre qué tan cerrada está realmente la herida. Porque en política las ausencias no necesitan comunicado: cada quien las interpreta como quiere, y normalmente de la peor manera posible.
Ese es el verdadero pendiente del PAN. La movilización demostró que hay maquinaria; lo que todavía está por demostrarse es que todos quieren empujarla hacia el mismo lado. Dicen que el panista no suele irse dando portazos como ocurre en otros partidos: aguanta vara, permanece dentro y desde ahí cobra facturas, bloquea acuerdos o simplemente deja de ayudar. Y eso puede resultar bastante más incómodo que una renuncia.
La operación cicatriz todavía tiene tiempo.
GLEN VARGAS, DE REPENTE SE HIZO “PUEBLO”
A quien de repente le nació lo “pueblo” y las ganas de ayudar a la gente es al pirrurris arquitecto Glen Vargas, hijo del terrateniente Rutilio Vargas (ese que acaparó tierras y luego hizo negociazo con ellas).
Resulta que de unos días para acá, el arquitecto sintió el espíritu naranja y una incontenible sed por conocer los problemas de la gente de Santa Rosa Jáuregui. Su activismo está empezando a ser tal, que incluso ya se llegaron a ver algunas playeras con el nombre de “Glen”, mismas que son portadas por habitantes de La Solana, por ejemplo.
Qué bueno que don Glen tenga aspiraciones políticas, son válidas y legítimas, pero vamos empezando por respetar, mínimo, los sentidos de las calles del centro de Santa Rosa. En su empresa siempre se pueden visualizar tremendos camionetones, las cuales, tristemente, a los vecinos ya se les hizo costumbre verlas circular en sentido contrario. Ya saben, la típica de “nomás es este pedacito y yaaaaaa”.
Ya ni hablar del hermano, que le deja ir la lámina a quienes viven cerca de una cantina que visita con mucha frecuencia. Si la familia no puede ni respetar el sentido de la circulación de una calle, ora imagínese a don Glen como diputado. No lo vamos a poder alcanzar de lo alto que estará su ladrillo.
Señores Vargas, empiecen por respetar a los santarrocenses.




