Por Waltter López
Vocero del Frente Queretano por el Derecho a la No Discriminación y el Estado Laico
El veto del gobernador Mauricio Kuri González a la reforma sobre el Derecho a la Identidad de Género no es un hecho menor. Tampoco es un simple desacuerdo legislativo. Es, probablemente, uno de los acontecimientos políticos más delicados de los últimos años en Querétaro, porque inaugura algo profundamente preocupante: el momento en que los derechos humanos comenzaron a utilizarse como herramienta electoral.
Por primera vez en la historia política moderna del estado, un gobernador ejerció formalmente su derecho de veto para bloquear una ley aprobada por el Congreso local. Y no cualquier ley: una relacionada con el reconocimiento jurídico y la dignidad de una de las poblaciones históricamente más discriminadas del país.
Lo más revelador no fue solamente la decisión, sino el tono del mensaje. Más que una postura institucional, pareció un discurso de campaña adelantada. Un mensaje dirigido no a toda la sociedad queretana, sino a un segmento específico del electorado conservador que hoy se ha convertido en territorio de disputa rumbo al proceso electoral 2026-2027.
El problema es que cuando los gobiernos deciden convertir los derechos humanos en campo de batalla electoral, la institucionalidad democrática comienza a deteriorarse.
Porque aquí no se vetó una ocurrencia ideológica, como se quiso hacer creer. La reforma fue resultado de años de trabajo ciudadano y legislativo. Organizaciones civiles, especialistas, activistas, personas trans y no binarias participaron en mesas de diálogo junto con diputaciones de distintas fuerzas políticas. Incluso el dictamen aprobado en comisión fue respaldado tanto por legisladores del PAN como de Morena, incluyendo al diputado panista Guillermo Vega Guerrero.
Es decir: no era una imposición radical. Era un acuerdo político e institucional construido lentamente en una sociedad cada vez más diversa.Y aun así, todo terminó reducido a un video y a una narrativa de miedo.
Uno de los argumentos más delicados fue afirmar que la reforma permitiría que niñas, niños y adolescentes modificaran su identidad de género. Eso es falso. El dictamen aprobado excluía explícitamente a menores de edad. Otro argumento aseguró que las personas podrían “ocultar” su identidad para evadir responsabilidades legales o familiares. También falso. Esos temas fueron discutidos técnicamente durante meses.
Entonces surge la pregunta inevitable: si muchos de los argumentos eran jurídicamente insostenibles, ¿por qué convertir el tema en una confrontación pública?
La respuesta parece cada vez más evidente: porque ciertos sectores políticos han decidido que la diversidad sexual y de género será utilizada como combustible electoral.
Y eso es peligroso.
No solamente para las personas trans y no binarias, sino para toda la vida democrática del estado. Porque cuando desde el poder se habla de grupos que vienen a “contaminar” Querétaro, se cruza una línea delicada. El lenguaje importa. Y más cuando proviene de la figura con mayor responsabilidad institucional del estado.
Querétaro ha cambiado profundamente en las últimas décadas. Miles de personas provenientes de la Ciudad de México, el Estado de México, Guanajuato y muchas otras entidades han transformado el rostro social, económico y cultural del estado. Hoy Querétaro ya no es una sociedad homogénea ni políticamente uniforme. Es plural, diversa y mucho más consciente de los derechos humanos.
Por eso el veto podría terminar teniendo un efecto contrario al que algunos imaginaron.
Porque quizá esta decisión no fortaleció liderazgos; quizá exhibió algo más profundo: el miedo de ciertos grupos políticos frente a una sociedad que ya cambió y que ya no acepta tan fácilmente que se le gobierne desde la exclusión o desde el pánico moral.
El gobernador todavía estaba a tiempo de pasar a la historia como un mandatario capaz de sostener la institucionalidad incluso bajo presión política. Pero eligió otra ruta.
Y eso tendrá consecuencias.
No solamente electorales, sino históricas.
Porque las sociedades terminan recordando con claridad quiénes ampliaron derechos… y quiénes decidieron frenarlos.
“Por un Querétaro próspero, libre, incluyente y equitativo para todas las personas.”



