Por el único roedor que no cobra en el Centro Cívico.
Pobre de nuestro cándido munícipe, don Felipe Fernando Macías Olvera. Alguien, desde las oscuras catacumbas de la burocracia, le está viendo la cara de turista recién bajado del flecha azul.
Resulta que el buen alcalde anda por la vida predicando, con el pecho inflamado de orgullo franciscano, que el magno pachangón por los 300 años de Los Arcos nos salió en una verdadera bicoca: apenas un milloncito de pesos. ¡Casi, casi nos salió gratis! Un milagro de la austeridad republicana que haría llorar de envidia al mismísimo San Junípero Serra.
Pero —porque en esta tragicomedia queretana siempre hay un “pero”— los duendes de la Oficialía Mayor tienen ábacos distintos, y resulta que autorizaron el pago por la nada despreciable suma de 16 millones de pesotes.
Aritmética básica para el ciudadano oprimido: Si el jefe dice 1 y la caja paga 16… ¿en los bolsillos de quién se quedaron atorados los otros 15?
Ante este prodigioso acto de ilusionismo financiero digno de Houdini, surgen las preguntas que la decencia nos prohíbe ignorar:
- ¿Descoordinación? ¿Acaso el alcalde y su Oficial Mayor se tienen bloqueados en el WhatsApp y por eso no cuadran las cuentas del Gran Capitán?
- ¿Mentira piadosa? ¿Le doran la píldora al preciso para que pueda dormir tranquilo pensando que administra Suiza?
- ¿O la vieja, confiable y sacrosanta Corrupción? Esa que, curiosamente, fluye hoy con muchísima más fuerza que el agua que hace siglos dejó de pasar por esos mismos Arcos de cantera.
Sea miopía administrativa, mitomanía aguda o un simple y llano chanchullo, la broma nos costó 16 millones. Y el pueblo queretano, como siempre, poniendo la cara (y la cartera) para pagar la fiesta a la que ni lo invitaron.
¡A rezar, que la cantera es cara y la moral muy barata!






