PERO QUÉ NECESIDAD
Lo ocurrido el viernes 25 de septiembre en la Legislatura local, cuando terminaron por cancelarse las comparecencias de SEGOB y SSC tras la llegada de Santiago Nieto, sólo admite dos explicaciones: error de cálculo o hígado. Y ninguna deja demasiado bien parado al responsable de la ocurrencia.
Para empezar, ya pasaban de las tres de la tarde y ambas comparecencias prácticamente estaban agotadas. Además, Nieto no tenía voz dentro del ejercicio; acudiría únicamente como espectador a las glosas de SEDESOQ y Salud. Claro que tampoco somos ingenuos: con la representación política que hoy carga encima, cámaras y micrófonos iban a seguirlo hasta el baño si era necesario. Entrara o no entrara, la nota ya estaba servida.
Entonces la pregunta resulta bastante sencilla: ¿para qué victimizarlo? Lo que pudo quedarse en una presencia incómoda terminó convertido en episodio político. Y cuando uno mismo fabrica el agravio de su adversario, después no debería sorprenderse de verlo exprimido hasta la última gota.
Pero qué necesidad.
CON LA ENTRAÑA
Parece que algún legislador del PAN anda molestito. Primero se le dejó ir a Jairo Morales por el asunto de una concesión de agua —cuyo procedimiento, dicho sea de paso, fue legal— y después llegaron los piquetes de costillas para Neto Mejía, con aquello de no utilizar recursos públicos en cuestiones electorales.
Si usted conoce medianamente el mapa de tribus azules, sabrá perfectamente que aquellos dardos no iban solamente dirigidos a quienes aparecían en el discurso. Tenían destinatario, dirección y hasta código postal. Porque una cosa son las intervenciones legislativas y otra muy distinta los recaditos disfrazados de posicionamiento institucional.
Durante meses la consigna había sido lavar los trapos sucios dentro de casa. Pero parece que algunos ya decidieron tenderlos en el balcón, bien visibles y con ventilador incluido. Y cuando los mensajes internos comienzan a pronunciarse frente a cámaras y micrófonos, aquello deja de parecer diferencia política.
El tufo sanjuanense es de advertencia.



