¡Santas fe de ratas, Batman! Resulta que en el queretanísimo y sacrosanto Palacio de Gobierno han descubierto que para frenar los derechos humanos no se necesita una hoguera ni un rosario de desagravio: basta con un corrector de estilo, una pluma de tinta verde y un fervor casi religioso por la coma bien puesta.
Para que el respetable entienda el tamaño del milagro leguleyo, aquí les va la estampa de este sainete:
La Pasión según San Glin-Glin: Del Infierno del Veto al Cielo de la Ortografía
Dijo nuestro Señor Gobernador en mayo, con la mano en el pecho y el catecismo en la otra: «¡Líbrenos la Providencia de estos inventos del demonio que atentan contra la sagrada familia queretana!». Y así, de un plumazo y con harto ruido de matracas, le puso el primer veto a la ley de identidad de género. Pura doctrina conservadora de la buena, de esa que se respira junto al vapor de los camotes en el Centro Histórico.
Pero ah, cómo cambia la mística cuando se acerca el otoño. Para septiembre, el señor Kuri y sus muchachones de Palacio sufrieron una iluminación digna de San Pablo camino a Amealco: dejaron el cirio y agarraron el diccionario de la Real Academia. Ya no les asusta el «libre desarrollo de la personalidad»; lo que los desvela, ¡válgame el Santo Niño de Praga!, es que los diputados escribieron «la Ley» con minusculita o que se les olvidó poner «mayor de edad» en el renglón uno.
¡Qué barbaridad! ¡Qué escándalo parlamentario! ¿Cómo se atreven las minorías a querer ser reconocidas si los diputados no saben distinguir entre «nombre» y «nombre propio»? Faltaba más.
El Ejecutivo envió catorce observaciones que son una verdadera joya de la pedantería de oficina. Nueve de ellas son pura filigrana tipográfica; nimiedades que en cualquier otra ley —de esas que le regalan concesiones de agua o terrenos a los cuates— se arreglan con una rápida fe de erratas en La Sombra de Arteaga y un café de chivero. Pero aquí no. Aquí la sintaxis es trinchera.
Y como para rematar el chiste el sainete necesita su toque de comedia ranchera, resulta que el pulquérrimo escrito del Ejecutivo venía con sus propios «dedazos», incluyendo un poético «en el en el ejercicio». Exigen cirugía con bisturí de oro al Congreso mientras escriben con la pata. Cosas del Santo Oficio de la Burocracia.
Las cuatro observaciones restantes hablan de que el sistema del Registro Civil no se habla con el Registro Federal, que la computadora se traba, que si el sistema no responde… ¡Por la Virgen del Pueblito! Si en este estado hemos detenido el reconocimiento de la dignidad humana porque «el sistema se cayó» o «no hay sistema», entonces el Registro Civil no lo dirige un funcionario, lo atiende el muchacho del Ciberplaza.
En resumen: En mayo nos persiguieron por pecadores y en septiembre nos bloquean por analfabetas. El Ejecutivo ya no es el verdugo de la moral; ahora es el benévolo tutor ortográfico que nos protege de las comas mal puestas. Ganaron tiempo, engordaron el expediente y mandaron todo a la Comisión de Administración y Procuración de Justicia, esa congeladora con aire acondicionado panista donde las leyes van a dormitar el sueño de los justos.
En Querétaro no hay discriminación, señores. Lo que hay es un amor desmedido por la gramática.




