Por Carlos E. Ricalde Peniche – Como Veo Doy
Estimado Lector, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ordena en su Artículo 4o. que, “EL VARON Y LA MUJER SON IGUALES ANTE LA LEY”. ¡Que mentirosos! Y en aplicar esta forzada igualdad está precisamente todos los males e injusticias que sufre la mujer en México y el mundo. Por obvias razones y por su propia naturaleza el varón y la mujer no son iguales y la Ley no puede por simple decreto cambiar la esencia de la naturaleza. Es más, ni ante la Sagrada Divinidad que todo lo puede y todo lo crea, somos iguales, y sus razones tendrá para haberlo hecho así, desiguales. Pero el hombre, empeñado en sentirse Dios, todo lo enreda. El varón y la mujer son diferentes y por ello la Ley debe ser diferente para cada uno. Si bien tienen el mismo potencial intelectual, difieren en animosidad y fuerza física y en el maravilloso y único don, monopolio femenino, de incubar vida. Digo esto solo para establecer algunas desigualdades reales, pero la más importante distinción, la que de manera irrefutable demuestra la disimilitud entre hombre y mujer es, repito, el monopolio de la maternidad. Reconocer legalmente las desigualdades es un derecho natural, jurídico y humano de las mujeres.
¿Porqué los legisladores y sobre todo, las legisladoras, ven en la Ley una fuerza para imponer algo que añade una injusta carga para la mujer? ¿Porque no ven que declarando la igualdad de ambos sexos ante la Ley, imponen una desventaja de vida a las mujeres frente a los hombres? Hoy en día las mujeres tienen que ganarse el pan en la calle y desempeñar casi los mismos trabajos que los hombres en igualdad de horarios, eso sí, pero con desigualdad en el monto de la paga recibida, considerando trabajos similares. ¿Porque entonces la mujer gana menos si trabaja igual? ¿Porque si la mujer es casada o tiene hijos se prefiere dar el trabajo al hombre? ¿Porque si son iguales ante la Ley? Claro, se rechaza a la mujer porque el potencial de una menor productividad está a la vuelta de la esquina debido a un embarazo o al reclamo de su presencia para atender a los hijos. ¿Acaso los líderes empresariales o políticos o gremiales o religiosos son marcianos? ¿Y siendo así, extraterrestres, no tienen madre? Así parece.
Hay que hacer algo y pronto. Una buena reforma sería enmendar el mencionado artículo 4º y que rezara algo así: “LA MUJER Y EL VARÓN NO SON IGUALES NI POR NATURALEZA NI POR LEY, PRINCIPIO POR EL CUAL SE DEBEN PROMULGAR LEYES REGLAMENTARIAS QUE COMPENSEN LA DESIGUALDAD QUE DE DICHO PRINCIPIO SE DERIVEN”. Por ejemplo, la jornada laboral de 8 horas (no estoy considerando la reciente reforma Laboral), bien puede quedar así para los hombres y reducirse a 5 para las mujeres embarazadas o con hijos hasta los 12 años, independientemente de su estado civil, recibiendo éstas la paga completa equivalente a las 8 horas. Téngase en cuenta que la responsabilidad social femenina no es menor, ya que sobre sus hombros descansa el criar y educar y hacer personas de bien a los futuros ciudadanos de la Patria. En ello tenemos que colaborar todos, incluso al grado de destinar un presupuesto público compensatorio (ya que gastan tanto en FOBAPROAS), para reembolsar a las empresas que por su precaria situación, plenamente justificada, las horas que paguen y que sus empleadas no laboren. Y como este ejemplo, hay muchos más que se traducen en desventajas para el sexo “débil” y que se irán planteando en la medida que las mujeres se organicen, discutan y planteen sus desigualdades. Otro ejemplo, no se puede castigar igual a una dama que acose a un caballero que a un hombre que haga lo propio con una mujer. Ley de Hielo al que se queje.
TROPEZON
¿Cómo vamos a ser iguales, si Napoleón decía que la única batalla que se gana huyendo, es cuando se huye de las mujeres? Rajón.




