LA VERSOLILLA: CUANDO EL AGUA DEJÓ DE SER AGUA
Vamos a recapitular los acontecimientos del 18 y 19 de mayo.
La mañana del lunes 18 de mayo comenzó a circular información sobre un posible cierre de la carretera federal 57 por parte de habitantes de La Versolilla, en Santa Rosa Jáuregui, derivado de la falta de agua. La amenaza resultaba extraña, pues apenas el 14 de mayo vecinos de esa misma localidad se habían sentado con la CEA para acordar la interconexión con un pozo ya habilitado y así garantizar el suministro regular del vital líquido.
Desde luego, este tipo de procesos no funciona como abrir una llave o apretar un botón para que, por arte de magia, aparezca el agua. No. Las obras toman tiempo. Mientras tanto, la CEA abastecería mediante pipas y aprovecharía los litros aún disponibles en el pozo actual para mantener atendida a la comunidad durante el proceso de interconexión.
Pero no ocurrió así.
El 18 de mayo todo explotó.
El argumento ciudadano era simple: no había agua y exigían un nuevo pozo. Lo querían de inmediato. Sin embargo, después del acuerdo alcanzado apenas cuatro días antes, la postura de algunos grupos parecía dejar poco espacio para la sensatez. Eso hace pensar algo: en La Versolilla parecerían coexistir al menos dos grupos de habitantes disputándose el control del tema hídrico.
Dicho sea de paso: el acceso al pozo actual se encuentra bajo control vecinal, pues hace algunas semanas se les entregaron las llaves correspondientes. Incluso, durante recientes procedimientos de cepillado realizados en dicho pozo estuvo presente un legislador local, cuyo nombre evitaremos mencionar para evitar posteriores ruedas de prensa explicando que jamás estuvo ahí, pese a existir fotografías.
En fin.
Las horas avanzaban aquel lunes 18 de mayo y, pese a los acercamientos del Gobierno del Estado, los manifestantes permanecieron firmes sin moverse un solo metro del asfalto de la carretera 57. Incluso comenzaron a surgir amenazas de introducir maquinaria para dañar la vialidad, misma que presuntamente sería facilitada por un conocido terrateniente santarrocense, famoso además por poseer una estatua de AMLO.
¿Le suena?
Por cierto, en las inmediaciones del bloqueo se observaban algunos jóvenes en vehículos tipo Razer, similares a los que suelen utilizar familiares de dicho personaje.
¿Casualidad?
Pasaban las horas y los consensos seguían sin construirse.
Y en todo este episodio hubo un gran ausente: la Guardia Nacional.
Aunque la problemática era estatal, la liberación de una vía federal correspondía precisamente a dicha corporación. Sin embargo, en el sitio apenas permanecían tres unidades y menos de ocho elementos que, conforme avanzaba la tensión, parecían alejarse cada vez más del problema.
Las llamadas al responsable estatal prácticamente terminaban en buzón. El coordinador hizo mutis. Se volvió invisible. Decidió no intervenir.
Ahora se entiende mejor la molestia recurrente de transportistas con la corporación. Mucha distancia del conflicto y demasiada comodidad detrás del uniforme.
Al caer la noche llegó otra noticia: casualmente, habitantes de Puerto de Aguirre habían bloqueado la carretera estatal 500, también por falta de agua.
Nada es coincidencia en el mundo sociopolítico.
La diferencia fue que ahí sí apareció un despliegue coordinado: Protección Civil Estatal, Policía Estatal, concertación estatal y municipal. Resultado: la vialidad fue liberada en aproximadamente dos horas y media.
A veces basta un poco de uniforme acompañado de diálogo para ordenar el escenario. Presencia institucional, coordinación y ni un solo toletazo.
La madrugada del 19 de mayo trajo un nuevo acercamiento por parte de la Secretaría de Gobierno del Estado. La respuesta fue una mezcla de mentadas y pedradas.
¿Y la Guardia Nacional?
Acompañó… hasta que dejó de acompañar. Conforme avanzaban hacia los manifestantes, los elementos parecían convertirse en fantasmas y desaparecer entre la oscuridad de la carretera.
La mañana del 19 de mayo, desde Palacio de Gobierno, se dieron a conocer los pormenores de los hechos. Y fue justo después cuando ocurrió algo interesante: el legislador local mencionado líneas arriba salió a realizar una rueda de prensa para desmarcarse de cualquier influencia o participación en el bloqueo. Curioso movimiento, sobre todo considerando que en mayo de 2024 él mismo alentó una movilización de características similares en esa misma zona.
Y mientras eso ocurría, a quien muchos señalaban inicialmente como el posible responsable político de fondo —un diputado federal y exrector universitario— guardó absoluto silencio. Ni él ni sus huestes se subieron al tema. Observaron a distancia cómo el diputado “independiente” se hundía solo entre señalamientos y cuestionamientos.
Eso abre otra hipótesis.
Que detrás del conflicto social por el agua también existe una disputa política por el control territorial y la influencia en la zona.
No es menor recordar que días antes el diputado suplente del legislador Eric Silva, un tal Iván, ya venía pateando la reja con el tema del agua precisamente en Santa Rosa Jáuregui. Las piezas empiezan a acomodarse solas: aquí no sólo se disputa el acceso al agua; también se disputa la narrativa, el liderazgo social y el control de grupos que cada vez muestran posiciones más antagónicas.
Finalmente, en un último acercamiento durante la mañana del 19 de mayo —en el que ya intervino la Delegación Federal de Gobernación y donde, más a huevo que de ganas, el coordinador estatal de la Guardia Nacional decidió enviar más elementos— el conflicto comenzó a desactivarse.
Aunque para variar, los uniformados mantuvieron una sana distancia del problema.
La operación terminó descansando principalmente en la Subsecretaría de Desarrollo Político, cuyo titular se fajó los pantalones y decidió poner orden al desorden.
Para las 11 de la mañana, la carretera 57 había sido liberada.
Existen hipótesis que apuntan a algo todavía más delicado: que el bloqueo pudo haber sido provocado y posteriormente se salió de control. Quien movió las piezas terminó viéndose rebasado cuando comenzaron a llegar liderazgos no identificados que desbordaron el objetivo inicial. Más aún cuando algunos participantes empezaron a ingerir bebidas alcohólicas y el asunto dejó de obedecer a cualquier lógica técnica o de negociación.
Y aquí está el verdadero problema.
La modalidad del bloqueo carretero se está convirtiendo en algo cada vez más cotidiano en Querétaro. Hace algunos años esto era prácticamente inexistente. Si acaso el viejo Pablo González Loyola en los noventa con un huacal y un diablito, pero poco más.
Entonces surge la pregunta:
¿De dónde nació esta nueva tipología de protesta?
Porque la presión social derivada de servicios básicos deficientes —agua, energía eléctrica y otros temas sensibles— va en aumento. Y si no existe coordinación interinstitucional e intergubernamental suficiente, las oficinas comenzarán a verse ampliamente rebasadas y las repercusiones inevitablemente alcanzarán la esfera de la gobernabilidad.
Y apenas es 2026.
LA VOZ DEL PODER.



