INZUNZA, ¡¡EL VALIENTE!!
Nos cuentan que quien quiso jugarle al valiente fue nada más y nada menos que Edgar Inzunza Ballesteros, diputado local y potencial aspirante de Morena en San Juan del Río. Al muchacho se le ocurrió la brillante idea de querer meterle mano a la Ley de los Trabajadores del Estado de Querétaro sin tomarse la molestia de preguntar primero qué pensaban, precisamente, los trabajadores.
No pasó mucho tiempo para que el asunto llegara a oídos de los líderes sindicales, quienes organizaron una “pequeña” comitiva que apareció en la Legislatura para aclararle un par de conceptos al valiente legislador. Dicen que la conversación fue suficientemente pedagógica.
La temblada de nalgas debió ser importante, porque la intentona terminó reculando. Y mire usted qué bonita lección legislativa: si alguna vez vuelve a darle por acariciar la Ley de los Trabajadores, quizá convenga recordar primero que los trabajadores existen.
No vaya a ser que otra vez tenga que aprender derecho laboral… en bola.
COMPARECENCIAS
Arrancaron las ansiadas, emocionantes e interesantísimas mal llamadas “glosas” del Quinto Informe. Esas jornadas rebosantes de saliva, calor, bostezos y ojeras en las que funcionarios y diputados se encierran durante horas a demostrar quién resiste más tiempo sin perder la voluntad de vivir.
En el primer día, como era previsible, tres asuntos concentraron la carnita: Paseo 5 de Febrero, los Data Centers y los maestros defraudados. Si hubo algún otro, le agradeceré que no me lo cuente; con imaginar el resto de las comparecencias ya empieza a inflamarse la colitis.
Los morenos intentaron meterle gol al contralor con el asunto de Paseo 5 de Febrero, pero don Óscar terminó dándoles una pequeña cátedra justo en el terreno en el que pretendían arrinconarlo. En cambio, con el caso de los maestros defraudados acabaron aterrizando en aquello que todos sabíamos desde antes de sentarse: habrá que esperar a que resuelva la autoridad judicial. La vieja confiable.
Y alguien, por caridad legislativa, explíquele a Sinuhé Piedragil para qué sirven esos cronómetros gigantes que tienen enfrente. No son decoración minimalista. Son para respetar los tiempos y evitar que estas jornadas de rendición de cuentas terminen convertidas en una prueba de resistencia humana.
Porque glosa es una cosa.
Secuestro legislativo, otra.



