MÁS GUANGO QUE UN HURÓN DORMIDO
El pasado 12 de junio, el líder de Antorcha Campesina en Querétaro, Jerónimo Gurrola Grave, dio una “gran” muestra de su capacidad de movilización con una marcha que tuvo la misma gracia que Cepillín haciendo stand up en pleno 2026.
Según los números más optimistas, el otrora liderazo del movimiento antorchista logró reunir alrededor de 500 personas que marcharon desde Los Arcos hasta Plaza de Armas. No me crea mucho, pero las malas lenguas aseguran que tuvo que importar contingentes desde el Estado de México, incluidos estudiantes de secundaria encuadrados en bandas de guerra para engrosar la convocatoria.
Dicen también los más enterados que una menor tuvo que ser atendida durante el recorrido debido a un fuerte golpe de calor. El máximo líder antorchista, sin embargo, ni se enteró de las consecuencias de su usura política. Mire usted que utilizar a las juventudes como botín para inflar movilizaciones es de las cosas más ruines que puede haber.
Quizá Gurrola Grave no está entendiendo cómo funciona el siglo XXI. Los liderazgos rancios, esos que se quedaron atrapados en las dinámicas de los años ochenta y noventa, están condenados a una lenta pero inevitable extinción. Poco a poco están siendo sustituidos por colectivos con causas concretas, objetivos específicos y formas distintas de organización: movilidad, medio ambiente, protección animal, derechos ciudadanos y un largo etcétera.
Pero no. Eso no lo entiende ni parece dispuesto a entenderlo. Su modelo político sigue consistiendo en marchar, presionar y estirar la mano para que el gobierno otorgue algo a cambio. Muy al estilo de los años ochenta.
El problema es que el calendario no perdona. Y mientras el mundo cambia, algunos siguen marchando hacia el pasado.
Se le acabó el tiempo. Y, por lo visto, también el poder.
MORENA APUESTA A PERDER
De veras que Morena en Querétaro es el mismísimo meme del ciclista que va pedaleando tranquilamente, mete un palo entre los radios de su propia rueda y termina estampado contra el suelo. Así, tal cual. La descripción les queda perfecta.
Y mire por qué se lo digo.
Por primera vez en su historia, Morena parece tener una oportunidad real de ganar un municipio grande como San Juan del Río llevando como abanderado al Güero Inzunza. Los números ahí están. Las mediciones ahí están. Incluso las encuestas más chafitas de Facebook coinciden en algo: el legislador local aparece por encima de cualquier otro perfil morenista que se ha mencionado para competir por la presidencia municipal.
Pero no.
Los rumores que circulan al interior del movimiento indican que la candidatura podría terminar recayendo en un perfil que aparece muy, pero muy por debajo del diputado en prácticamente todos los ejercicios demoscópicos conocidos. Y entonces surge la pregunta obligada: ¿no han visto las mediciones? ¿No han visto quién es el único que parece tener posibilidades reales de alzarse con el triunfo?
Aunque, pensándolo bien, quizá sí las vieron. Y precisamente por eso preocupa más.
Y por si lo anterior no fuera síntoma suficiente de una miopía política avanzada, recientemente comenzó a circular una encuesta que coloca a la presidenta del Tribunal de Disciplina Judicial como la “preferida” para convertirse en candidata de Morena al Gobierno del Estado.
Sería la cuarta ocasión en que se le impulsa para competir por la gubernatura de Querétaro.
La pregunta es inevitable: ¿de verdad no hay nadie más?
Porque una cosa es reconocer una trayectoria y otra muy distinta convertir una candidatura en una franquicia permanente. Más aún cuando la reciente victoria en materia judicial parecería suficiente para cualquier político con sentido de realidad.
Pero en Morena parecen empeñados en demostrar que las oportunidades históricas están para desperdiciarse.
A este paso, no vaya siendo que quienes hoy suspiran por la candidatura estatal terminen quedándose chiflando en la loma. Ahí están Santiago, Gilberto, Luis Humberto y Chema, observando cómo otros juegan con las fichas del tablero.
Y luego se preguntan por qué pierden elecciones que parecían ganadas antes de empezar.
Y HABLANDO DE GILBERTO…
Hablando de morenistas en activo, déjeme comentarle algo que vale la pena observar con detenimiento.
Gilberto Herrera, el diputado federal que carga con la ya inseparable muletilla del “en ese sentido”, está dando muestras de una interesante migración en su actividad política. Algo está cambiando. Poco a poco está dejando de ser aquel alentador profesional de manifestaciones y conflictos para intentar convertirse en un gestor institucional de problemáticas sociales.
No es un cambio menor.
Es probable que alguien le haya hecho ver que su estrategia de confrontación permanente tenía un techo muy claro. Le funcionaba con los convencidos, con los de siempre, con ese público que lo acompaña a todos lados y que repite las mismas consignas desde hace años. Pero fuera de ese círculo, el crecimiento simplemente no llegaba.
Y entonces parece haber entendido algo elemental: para ganar simpatías no basta con señalar problemas; hay que aparentar que se ayudan a resolver.
Por eso ahora la fórmula es distinta. Se presenta en las comunidades, identifica una problemática —generalmente relacionada con el agua—, reúne a los ciudadanos, promueve encuentros con las instituciones responsables, acompaña las gestiones y posteriormente presume los acuerdos alcanzados.
Ya no es el porro.
Ahora quiere ser el solucionador.
Y eso, políticamente hablando, es mucho más peligroso.
Porque el manifestante profesional genera ruido. El gestor genera confianza. El primero moviliza a los convencidos; el segundo puede comenzar a atraer a quienes nunca se habían identificado con él.
Si alguien no ha sabido ver esta transición, quizá sea víctima de uno de los males más frecuentes en la política: la ceguera de poder. Esa que impide reconocer cuándo un adversario está corrigiendo sus errores y comenzando a jugar una partida distinta.
Y las partidas distintas suelen ser las más complicadas de enfrentar.
“VIENEN TIEMPOS OBSCUROS, HARRY”






